- Dime, papá, ¿ que es este edificio?
- Es una fabrica de tejas y ladrillos, hijo mió.
- ¿De quien es?
- Mía es.
- ¿ Y todos esos grandes montones de tejas y de ladrillos te pertenecen?
- Si, todos son míos.
- ¡ Ah ! ¿ Y cuanto tiempo has necesitado para fabricar todo esto? ¿ Los has fabricado tu solo ?
- No, esos hombres que ves allí trabajando los han fabricado para mi.
- ¿ También estos hombres son tuyos?
- No, hijo mió, estos hombres son trabajadores libres. Nadie puede ser dueño de esos hombres, pues entonces serian esclavos.
- ¿ Y que es un esclavo?
- ¡ Un esclavo, hijo mió, es un hombre que debe trabajar toda su vida para otro hombre y que para esto no recibe mas que su alimento y sus vestidos !
- ¿ Quien paga al medico cuando un esclavo cae enfermo ?
- Su amo, naturalmente, es quien le paga. Si no le pagara correría el riesgo de que se le muriera el esclavo.
- ¿ Por que trabajan tanto estos hombres ? ¿ Es que hallan gusto en tirar de estas pesadas carretillas ?
- No, no creo que lo hagan de muy buena gana, pero es necesario que trabajen, de lo contrario se morirían de hambre.
- Esto esta muy bien, papá. Pero si tu quieres tirar de esta carretilla, pesada en lugar de este hombre, hasta que hubiese descansado, ¿ Crees que a el le sabría mal ?
- ¡ Que charla mas estupida ! Los patronos no tiran de las carretillas.
- ¿ Que significa ser patrono ?
- Los patronos son gente que no tiene necesidad de trabajar, son gentes de la clase superior.
- Yo creía que no había diferencia de clase en este país. A alguno he oído decir que todos los hombres son iguales.
- El que lo haya dicho deber ser un anarquista, un socialista, o tal vez lo dijo en tiempo de elecciones y se trataba de conquistar votos.
- Dime, papá; ¿ será anarquista, socialista o trataría de conquistarse votos mi profesora de colegio cuando dice que todos somos hijos de Dios ?
- Dice bien, esto debe enseñarse en la escuela.
- Entonces, dime francamente; ¿ estos hombres que aquí trabajan son también hijos de Dios, como nosotros ?
- Ciertamente, hijo mió.
- ¿ Te acuerdas papá, el día que nos regalaste una docena de billas a Enrique y a mi ? Yo las tome para mi solo y cuando Enrique quiso alguna para jugar yo le dije que antes me regalara su trompo nuevo, entonces tu me llamaste avaro y me zurraste.
- Si, me acuerdo.
- ¿ Crees que hiciste bien pegándome ?
- No me cabe duda, los padres tienen la obligación de corregir a sus hijos para evitar que cometan faltas mayores. Yo traje las billas para vosotros dos y Enrique tenia tanto derecho a jugar como tu.
- Papá, si estos hombres son hijos de Dios, como tu mismo, entonces tu eres su hermano y ellos son hermanos tuyos, y si les obligas a que te den todos los ladrillos que tu no has fabricado, a cambio de permitirles el empleo del barro, ¿ no es esto exactamente lo mismo que yo hice con Enrique a quien exigí su trompo nuevo para permitirle jugar con mis billas ?
- Estas preguntas no se hacen.
- Dime, papá ¿ no crees que Dios pensara que eres un avaro y que va a castigarte por el hecho de que pretendes que la tierra y las casas y los caballos y las maquinas son tuyas ?
- Cállate de una vez, y no desbarres de este modo, ¡ Maria, acuesta al niño, porque su charla estupida me da jaqueca
!...Freie Arbeiter – Luz y Vida – Antofagasta, #63, diciembre de 1913